¿Qué quiere una mujer?

Jocelyn Arellano

08. 03. 2017

Aprovecho el día de hoy para hacer unas reflexiones sobre el extraordinario y sensible ser, “La mujer”.

 

Inicio citando al Dr. Sigmund Freud quien después de dedicar toda su vida a tratar de resolver y estructurar las teorías del enigma psíquico humano, se pregunto

¿Qué quiere una mujer? 

 

Por supuesto, la respuesta depende de la subjetividad de cada individuo, pero me parece que hay ciertos deseos generales entre nosotras.

 

"Si nos ponemos a pensar que es lo que queremos, descubrimos que hay mucha confusión; no sabemos que es exactamente lo que queremos, ó aún más importante, que si lo que deseamos es realmente lo que necesitamos y si esa decisión nos hará un bien o un mal".

 

La mayoría de las veces nuestros anhelos no están en sintonía con una satisfacción a largo plazo. Nos guiamos por disfrutar la continua satisfacción inmediata, sin pensar si esa acción nos llevara por la satisfacción a largo plazo.

 

Un ejemplo bastante cotidiano y primitivo es el hambre y la comida; consumimos alimentos muy sabrosos pero dañinos para la salud, y efectivamente hay consecuencias estéticas o más graves, como una enfermedad crónica degenerativa.  

 

Otro ejemplo con el que muchas se pueden identificar es la elección de parejas tóxicas; dejo claro que no tengo pensamiento sexista de ningún tipo y este caso puede aplicarse a ambos géneros. Los hombre son figuras maravillosas y complementarias,  aunque hay muchos que aman desde su narcisismo y no son capaces de ver y amar al otro. Usan a la mujer como fuente nutricia, pero no retribuyen de ninguna forma a su pareja; es decir, que se vuelven depredadores, que vacían lentamente a la mujer. Seductores vampiros que a la vez son irresistibles, pero también son escalofriantemente monstruosos que acaban con la vida psíquica y física de sus presas.

 

Si no ponemos atención, podemos vernos en esta penosa vivencia. Lo que trato de ilustrar, es que en toda la vida vamos a tomar decisiones, que marcaran nuestro destino.Ofrezco una repuesta desde mi subjetividad a la pregunta freudiana y mundial: ¿Qué quiere una mujer?

 


¿Será que yo lo atraigo?

Dr. Raúl E. Ortiz

05. 10. 2016

 

El ser humano tiende a encontrar mucha seguridad y tranquilidad en las respuestas que los demás le ofrecen o incluso respuestas que él mismo se da, al por qué de una problemática que esté viviendo actualmente. La pregunta inicial que uno se hace ante una situación dolorosa y repetitiva es la siguiente ¿la culpa de que yo esté viviendo esto que me lastima es de los demás, o será que yo lo atraigo? 


Es decir, ¿puedo responsabilizar a alguien ajeno a mí de lo que me pasa o soy yo el único responsable de caer una y otra vez en esto que me hace daño?

 

Inicialmente, solemos responsabilizar a los demás de algo que no nos gusta, pues estamos seguros de que hemos hecho todo lo necesario para obtener las cosas buenas que tanto deseamos (una pareja estable, buen ingreso económico, salud, seguridad, etc…), pero hay un momento, en que después de tropezar tantas veces con la misma piedra y notar que seguimos sin esas cosas que queremos, a pesar de todos nuestro esfuerzos, la respuesta cambia y empezamos a responsabilizar a nuestra propia persona, pensando que existe la posibilidad de que algo en nosotros está atrayendo las cosas malas que truncan nuestra felicidad.

Ambas respuestas son en cierta forma tranquilizadoras, pues la primera nos quita un peso de encima al hacernos sentir que el destino existe y no todo depende de lo que hagamos o dejemos de hacer, que no somos los culpables de lo que nos pasa, que el mundo es el que está mal y nosotros no. La segunda respuesta:

 

"nos da la sensación de que si nosotros somos los responsables, es más fácil modificar aquello que nos hace repetir cosas dolorosas, deprimentes o frustrantes, que si el responsable fuera algún otro sobre el que no puedo influir".

 

Eso a lo que nos referimos como “algo en nosotros que siempre atrae lo malo que nos pasa”, es el inconsciente.

 

"El inconsciente es una cualidad de nuestro aparato psíquico que la persona misma no puede conocer y por el mismo motivo no lo puede controlar y está desde mucho tiempo, incluso antes que nuestra consciencia, a la cual ya tenemos acceso y es susceptible de ser modificada a voluntad".

 

Entonces ¿cómo podemos ser nosotros responsables de algo, que es ocasionado por una parte de nosotros que no podemos controlar, es más, una parte de nosotros a la cual ni siquiera conocemos?

 

Imaginemos que llegamos con un psicoterapeuta, muy tristes porque una y otra vez, nuestra vida amorosa nunca llega a ser estable y siempre termina en fracaso. Entonces el terapeuta dice:

 

Psicoterapeuta: El primer paso es reconocer que tú eres el único responsable de lo que te está pasando y en tu poder está cambiar eso que te hace escoger mal a tus parejas o actuar de tal forma que te hace terminar siempre sola.

 

Esto es muy similar a lo que escuchamos de nuestros amigos y familiares, los cuales nos aprecian y se preocupan por nosotros, lamentablemente no es de mucha ayuda, porque lejos de solucionar el problema, te dan uno más que ni siquiera está a tu alcance, controlar lo que no puedes ver. Pero imaginemos ahora que llegas con otro psicoterapeuta, con la misma tristeza y el mismo problema, pero en esta ocasión él dice:

 

Psicoterapeuta: Me parece que puedes estar cargando con una responsabilidad que no te corresponde del todo, eso que te hace caer una y otra vez en la mala elección de pareja o el fracaso amoroso, no es algo que puedas controlar abiertamente, porque ni siquiera sabes lo que es, sin embargo, trabajando juntos podemos sacarlo de su escondite y cuando logres conocerlo, entonces puedas tomar tus propias decisiones en base a lo que visto, pues tu problema es único y una respuesta ajena no te será de mucha utilidad.

 

De esta manera, la respuesta a la pregunta inicial, ¿será que yo lo atraigo? sería; sí y no. SÍ hay algo dentro de mí que de manera inconsciente me orilla a fracasar una y otra vez en mi meta, pero NO, no es algo que dependa de mí y me haga conscientemente culpable de mi fracaso (pues yo siempre quiero lo mejor para mí). El responsabilizar al mundo o a uno mismo de lo doloroso que nos pasa, no soluciona nada, emprender la búsqueda de aquello que no conocemos y nos hace tropezar, sería realmente el primer paso de una caminata que tiene como meta más conocimiento y control de nosotros mismos para lograr un mayor cumplimiento de nuestras metas y deseos.

 


10 formas para convertirte en un maestro del sueño

Psic. Jocelyn Arellano

30. 09. 2016

En la actualidad es muy común descuidar muchos aspectos de la vida que tienen repercusiones directas en la salud, pero hay una actividad en particular que es de suma importancia, que hacemos diario y que lamentablemente pasa desapercibida, es decir “Dormir bien”. En promedio, pasamos 4 meses por año dormidos y aprender a tener una buena higiene del sueño debería establecerse como prioridad. Mientras tengas un sueño de calidad podrás verdaderamente disfrutar la vida y tener un funcionamiento óptimo. 

 


"Las personas que duermen bien son más inteligentes y creativas, tienen mejor nivel de retención, mejor memoria, mayor concentración y son más competitivas en la vida personal y profesional".

 

Aprendemos a vivir con una “deuda de sueño” que afecta el desempeño cognitivo, causa depresión, constante fatiga y la eficiencia se ve comprometida en general. Si entre semana te falto tiempo, viviste mucho estrés y contar ovejas no fue suficiente para poder dormir bien y crees que el fin de semana se podrán compensar las horas de sueño pérdidas desafortunadamente no pasará, ya que el sueño no es acumulable y te quedarás con un fuerte déficit de sueño. El simple hecho de dormir no es sinónimo de haber descansado. Para lograr descansar bien hay que tener un sueño reparador. El soñar es una de las funciones del dormir y se encarga de la restauración mental, consolida la memoria y promueve la regeneración de las células. El sueño de calidad consta de varios ciclos donde el soñante pasa por diversas etapas (n1, n2, n3, n4, REM). El paso adecuado a cada una de las fases te preparan para tener una correcta profundidad de sueño que te hagan descansar verdaderamente. 

 

Podrías pensar que tu modo de dormir es imposible de cambiar, pero aquí te ofrecemos 10 prácticas formas que podrán ayudarte a conciliar rápidamente un sueño de calidad para convertirte en todo un “maestro del sueño”. 

 

1.  Disciplina en el ritual del sueño:

 

Si estás comprometido con estructurar nuevos hábitos de salud del sueño, debes ser constante y respetar cada paso. En un primer momento estarás forzándote a cumplir todas las normas; después de un corto tiempo lo harás en automático y será entonces cuando el habito se arraigue. Si todos los días actúas conforme a lo que quieres lograr, habrás cumplido tu meta antes de lo que te imaginas. Ten presente que estás en un proceso de cambio y crear una sólida condición para dormir toma un poco de tiempo. Recuerda que la práctica hace al maestro del sueño.

 


2.  Planeación Pre-Sueño:

 

Durante la tarde es cuando debes dar un espacio para la preocupación, planeación y realización de todas las tareas. Haz los principales pendientes del día y no dejes para mañana lo que puedas hacer en ese momento. Si fijas un horario para trabajar y prevenir futuros contratiempos, tendrás un orden y liberarás a tu mente al momento de dormir. Si caíste en la desidia y al día siguiente tienes un examen o una entrega laboral importante, la mejor opción es dormirse temprano y levantarse una hora antes. Tu cerebro estará regenerado y las funciones intelectuales estarán a su máximo potencial.

 

3.  Reglas sagradas del buen dormir:

 

Establece los mandamientos del buen dormir y adáptalo a tus necesidades, pero sin romperlas ya que son las que te garantizarán un sueño reparador. Fija una hora de dormir que cumpla con 8 horas de sueño efectivo. Antes de acostarte programa el despertador con mucha atención y asegúrate de tener batería suficiente para no irte a la cama con dudas que te impidan descansar. Una vez acostado, está estrictamente prohibido ver el reloj, porque estar contando cuánto tiempo tienes antes de levantarte te da la sensación de no descansar, activa la ansiedad y promueve el pensamiento obsesivo de no poder dormir. Si despiertas durante la noche no te alteres, ya que despertarse en varias ocasiones es parte normal del dormir y de acuerdo en la fase del sueño en la que estés lo advertirás o no. Por otro lado, si te gusta tomar siestas durante el día, la recomendación es que no dure más de 30 minutos y que sea 6 horas antes de dormir en la noche, para no desestabilizar los ciclos de sueño nocturno. 

 

4.  Honra tu cama:

 

Transforma tu cama en un espacio acogedor. La cama no es comedor, ni cocina y menos oficina. Úsala sólo para dormir y amar. Escoge sabanas suaves y de colores neutros que te relajen. Consigue almohadas rellenas, suaves, uniformes y sin grumos. Ten en cuenta la estación del año para hacerla más fresca o cálida y que la temperatura no sea un obstáculo para descansar. Si es agradable querrás estar más tiempo ahí y lo disfrutarás, después de todo la cama es el santuario de tus sueños.

 

5.  Diseña un ambiente:

 

Media hora antes de acostarte avisa en tu casa que no te molesten mediante la comunicación asertiva. Apaga todos los aparatos electrónicos y programa en “no molestar” el celular. Las pantallas estimulan el sistema nervioso central y alertan la mente. No te preocupes, las redes sociales las podrás ver al día siguiente. Apaga las luces o deja alguna lámpara en luz media. Si te gusta la aromaterapia, usa fragancia de lavanda que ayuda a relajar el cuerpo. No prendas velas porque corres el riesgo de un incendio. Entrena a tus mascotas para que duerman en su camita y así evites distractores al momento de dormir. Un ambiente libre de estimulación fomenta el transito correcto por las primeras fases del sueño para llegar al sueño profundo.

 

6.  Ubica tu posición favorita:

 

Las posiciones para dormir son muy variables y particulares. Cuando encuentres la más cómoda para ti, haz conciencia de cómo está ubicado tu cuerpo. De éste modo lo podrás repetir cuando estés incomodo y dando vueltas como torbellino. Si te gusta dormir boca abajo, reconsidéralo ya que podrías tener problemas digestivos por el peso del cuerpo directo en los órganos. Una buena alternativa es usar almohadas para repartir la carga y así tu estomago no sufrirá.

 

7.  El príncipe de los ronquidos:

 

Un común conflicto para descansar son los ronquidos de la pareja, ya sean de él o ella. Es un problema que puede tener consecuencias graves en la salud a mediano o largo plazo. Se recomienda asistir con un especialista médico en vías respiratorias o un somnólogo para darle un tratamiento formal. Sin embargo, hay algunos pequeños consejos para aminorar el problema. Si la persona que ronca sólo lo hace en determinada posición, puedes moverlo suavemente en otra postura que contrarresté el ruido. Si no funciona puedes comprar tapones para los oídos mientras se da una solución médica; son muy cómodos y los venden en internet o en cualquier farmacia. 

 

8.  Prepara tu cuerpo:

 

La alimentación sana es básica para poder dormir bien. Hidrata tu cuerpo con dos litro de agua durante el día. Cena ligero 2 horas antes de acostarte y elige ningún alimento salado, grasoso o irritante. El café y el té déjalos para la mañana o tarde. Si comes alimentos ricos en proteína y una buena cantidad de verduras cocidas o ensalada, no sólo dormirás bien, sino que bajarás de talla y tu cuerpo estará saludable.

 


Incluye una taza de agua tibia para ayudar a la digestión y ve al baño para que no se interrumpa el sueño. Otra consideración importante en el mantenimiento sano del cuerpo, es el ejercicio. Puedes escoger el que más te guste para que tus músculos estén activos, te canses durante el día y duermas más rápido. 

 

9. Prepara tu mente:

 

Ubica los problemas y preocupaciones en el lugar que le corresponden. Cuando te vayas a dormir coloca tu atención en relajarte solamente. No importa que tan grande sea tu inquietud por algo externo, de nada te servirá quitarse sueño de calidad por tener pensamientos obsesivos particulares. Entender que una mente sana y descansada puede estar apta para enfrentar cualquier conflicto. La respiración es clave para conciliar el sueño. Concéntrate en el aire que entra por tu nariz y sale; respiraciones profundas y lentas disminuyen la frecuencia cardiaca, disminuyen la tensión muscular y es la vía regia al sueño profundo. Necesitarás practicar las veces que sean necesarias para lograrlo. La meditación y el yoga son actividades que fortalecen estos ejercicios y son altamente recomendables.

 

10.  Despierta sin trabajo:

 

Despertar bien es el final del ciclo general de una buena noche de descanso y te prepara para el siguiente período de sueño. La salida del sueño debe ser paulatinamente para no estresar súbitamente al cuerpo y a la mente. Escoge música calmada y armónica para tu despertador y varíala cada mes. El inicio del día debe cuidarse del mismo modo que el final. Toma un par de minutos antes de levantarte para recordar tu sueño y despabilarte. Comienza con la mejor actitud y disfruta del potencial de un cuerpo descansado. Por último, comparte tu aprendizaje sobre el sueño para ayudar a los demás a adquirir la valiosa cultura del buen dormir. “Después de todo, mañana será otro día”.

 


EL ORIGEN DEL SENTIMIENTO DE CULPA

Dr. Raúl E. Ortiz

24. 08. 2016

Las razones que una persona tiene para tomar decisiones en su vida, pueden ser muy variadas, pero indudablemente una de las que más influyen en nosotros, de una manera que no nos es posible controlar, es la culpa. Es decir, la culpa regularmente nos mueve a tomar decisiones, que posteriormente terminan por desagradarnos o nos dan resultados negativos para nuestros proyectos de vida. 


La culpa nos hace aguantar situaciones dolorosas por más tiempo del que nos gustaría, por ejemplo, seguir a lado de una pareja que no nos hace feliz, continuar trabajando en algo que nos resulta muy estresante o no satisface nuestras necesidades, periodos de anorexia o provocarse el vómito después de ingesta excesiva de alimentos, vivir con nuestros padres para hacernos cargo de ellos (interrumpiendo nuestro avance personal), consentir actitudes de nuestros hijos que son dañinas para su formación y su futuro, etc. De igual forma la culpa nos obliga a regresar a estas mismas situaciones, cuando después de mucho esfuerzo habíamos logrado salir de ellas, dejándonos un sentimiento de frustración y convencimiento de que es nuestro destino vivir de esa manera, que no hay solución posible. Lo anterior no sume en un proceso de resignación (no de aceptación), que nos condena a vivir una vida de la cual no somos dueños y siempre nos deja un vacío.

 

La razón por la que manejar la culpa resulta en muchas ocasiones imposible, es porque tiene su origen en una época donde por cuestiones naturales, nuestra vida no estaba bajo nuestro control, sino el de nuestros padres, claro, estoy hablando de la infancia. La cultura moral que nuestros padres tengan, es la materia prima de la que el sentimiento de culpa se alimenta, es decir, en una familia donde la cultura moral implica llegar virgen al matrimonio, el tener relaciones sexuales antes de casarse, generará culpa; en una familia donde su cultura permita que sus integrante fumen marihuana, el fumar marihuana no generará culpa. Hasta ahí parece todo muy sencillo, pero entonces surge otra variante, la intensidad de la culpa. En muchas ocasiones vemos que para unas personas resulta muy fácil superar una acción que genere culpa (permitiéndoles dar borrón y cuenta nueva a su vida), mientras que para otras personas, la culpa es algo que no se puede enfrentar tan fácilmente (ocasionándoles vivir una vida que no desean, por miedo a sentirla). ¿Por qué, en dos personas con la misma cultura moral, una puede ser capaz de vivir su vida aunque no coincida del todo con lo que sus padres le enseñaron, mientras que a la otra persona simplemente no puede hacer lo que desea porque le genera culpa el ir en contra de los valores familiares?

La intensidad o la fuerza con que el sentimiento de culpa nos ataca, es proporcional a la intensidad con que nuestros padres nos impusieron su cultura moral, es decir, si a un niño que no hizo la tarea, los padres le pegan con el cinturón y lo dejan sin cenar por desobligado, cuando este niño crezca, sentirá mucha más culpa de renunciar a su trabajo (por más que lo haga infeliz), que un niño que sólo se le regañó y se le pidió una explicación del por qué no hizo la tarea. 


Una niña que fue sacada de la escuela por sus papás, al enterarse que tenía novio, sentirá mucha más culpa en sus relaciones amorosas adultas, que una niña a la que se le explicó que si quería tener novio, debía corresponder con buenas calificaciones. En conclusión se puede decir que las características de la culpa que hoy sentimos, son la suma de la moral de nuestros padres y la severidad con la que nos fue transmitida.

 

Me parece importante no satanizar el sentimiento de culpa, pues al final de cuentas, la culpa es esa vocecita guardiana de todos nuestros valores morales, éticos, familiares, religiosos y civiles sin los cuales, vivir en sociedad nos sería muy difícil, es esa vocecita guardiana que nos protege de hacernos daño y dañar a los demás, que nos permite sentir la pena y el dolor ajeno, la que nos permite disculparnos y perdonar. Sin embargo, como todo en la vida, si se tiene en exceso, resulta perjudicial para nuestro bienestar físico, psicológico y emocional.

 

Ahora que somos adultos, viajar a nuestra historia pasada, nos permite ubicar esos momentos en donde nos fue programado el sentimiento de culpa, para poder identificar que de eso, nos sigue pareciendo correcto o que de eso, fue severamente castigado por nuestros padres sin razón, permitiéndonos ver que muchos de los sentimientos de culpa que nos frenan, son más nuestros padres regañándonos desde el fondo de nosotros, que la firme convicción de que algo hicimos muy, muy mal.


infancia es destino

Dr. Raúl E. Ortiz

04. 08. 2016

La frase “infancia es destino” es comúnmente interpretada de la siguiente manera: Cada persona en su edad adulta, tenderá a repetir patrones de su infancia o hacer todo lo contrario de lo que vivió en la niñez, es decir si uno es hijo de un padre golpeador, uno golpeara a sus propios hijos al tenerlos, o lo contrario, los mimará en extremo para no ser como su padre. 


Otro ejemplo es que si uno tuvo muchas carencias en la infancia, en la edad adulta tenderá a ser muy conformista (acostumbrarse a vivir en la escasez), o lo contrario, decidirá trabajar en extremo para nunca carecer de nada. 

 

Sin embargo y en lo personal, me parece que la frase va más allá de repetir patrones o ir en contra de ellos, es decir, el niño no sólo cumple una función de grabación de actitudes paternas y tampoco es sólo una esponja ultrasensible que se limita a actuar en base a sus sensaciones de placer o sufrimiento. Un hijo, generalmente es, incluso desde antes de nacer, el portador de sueños, fantasías y deseos que no son propiamente suyos sino de los padres. Por ejemplo, si yo siempre quise ser futbolista profesional y no lo logré, o si lo soy, y soy feliz, entonces al tener un hijo una acción común será llenarlo de balones de futbol, por otro lado, si yo siempre fui malo en la escuela porque no me importaba, seguramente fomentaré más la importancia del trabajo en mi hijo que la importancia del estudio. O sea que la infancia de cada persona, está creada por las fantasías, ilusiones, emociones, ideas, frustraciones y logros de los padres.

 

¿A que voy con todo lo anterior?, Algunas personas al llegar a la edad adulta, podemos sentirnos muchas veces en situaciones repetitivas dolorosas, como múltiples fracasos amorosos o múltiples despidos laborales, incapacidad para ganar dinero o estar perdiendo a la familia por poner más atención al trabajo que a lo sentimental, situaciones en las que no nos es imposible descubrir cómo fue que terminamos ahí una y otra vez no importando el castigo que recibimos o lo mucho que aprendamos, siempre volvemos a tropezar con la misma piedra. La razón puede ser que estemos cumpliendo deseos de nuestros padres que de una manera inconsciente (sin intención alguna de hacernos daño) fueron implantados en lo profundo de nuestro aparato psíquico. Estos deseos inconscientes que no nos pertenecen sino le pertenecen a los padres, actúan desde lo profundo sobre nuestras vidas llevándonos a tomar decisiones que nos reubican en lo que tanto nos hace daño, como seguir viviendo en la casa de los padres ya siendo muy mayores, trabajar en la empresa familiar, ser madre o aún no poder serlo, optar por ser heterosexual, etc. Cada decisión que hemos tomado en nuestra vida, puede estar bañada de deseos paternos más que de lo que nosotros queremos para nosotros mismo. 

Me parece que sería importante hacernos una pregunta antes de cada decisión a tomar: ¿Estoy decidiendo yo, o lo están haciendo mis padres desde adentro de mí? No es tan fácil la respuesta como pareciera, pues ya he dicho antes que la influencia de los padres se guarda en el inconsciente de cada persona (y es por eso que es tan fuerte), sin embargo, situaciones más superficiales, si sería posible identificarlas por nosotros mismos y saber que “tal o cual cosa”, la estoy haciendo porque así lo hubieran hecho o querido mis padres, no yo.

 


De manera que ¿“infancia es destino”? sí, pero no desde el punto de vista de la imitación del niño a los padres, ni por el deseo de ser lo contrario de lo que los padres eran, “infancia es destino” en cuanto que nuestro destino puede estar escrito, basado en los deseos inconscientes que nuestros padres pusieron sobre nosotros durante nuestra infancia. Ya en alguna conferencia hable de la relatividad del tiempo, donde hablaba de cómo el pasado afecta nuestro presente y futuro, y si bien el pasado no es modificable realmente, si es posible que mediante el psicoanálisis, podamos reelaborarlo de tal forma que su influencia sobre nuestro presente y futuro, también sea distinta. Tal vez mediante el psicoanálisis sea posible forjarnos un futuro más acorde con nuestros deseos, sueños e ilusiones y menos con nuestro destino consecuencia de nuestra infancia, la cual no dependió de nosotros.


¿Por qué nos hacemos daño?

Dr. Raúl E. Ortiz

04. 07. 2016

     Una queja común en las personas, es el hecho de no saber por qué no podemos parar de hacer algo que es dañino para nosotros mismos, ya sea fumar, tomar alcohol, tener sexo riesgoso (múltiples parejas sexuales o desconocidas), ser sedentarios (no hacer ejercicio), ser flojos, comer en exceso o no comer, seguir junto a una pareja que nos lastima (física o emocionalmente), ser violentos con las personas, etc.

 

Ante esta situación, los consejos de las amistades o familiares que se preocupan por nosotros, no se hacen esperar y surge el famoso “déjalo y valorará lo que perdió”, “pues vamos al gym”, “mastica chicle”, “busca un hobby”, “toma estas pastillas, son buenísimas”, “ÉCHALE GANAS”.  

 

-¿Échale ganas? ¿Eso qué significa?, el problema no es que no sepa que es lo que tengo que hacer, el problema es que algo dentro de mí me impide tomar la decisión de moverme de esa posición que me hace daño.

 

A pesar de todo, decidimos hacer caso de los consejos, por un lapso de una semana, después, indudablemente regresamos a la misma situación dañina de antes, cada vez más y más frustrados por el fracaso de ver que para los demás parece ser muy fácil llevar una buena vida. La explicación psicoanalítica de el por qué los consejos y la buena voluntad no siempre funcionan, es en mi experiencia, la siguiente:

 

Verán, la mente humana está dividida virtualmente en tres niveles, el consciente, el preconsciente y el inconsciente. El consciente es la parte de la mente a la que podemos acceder de una manera más fácil, la parte más superficial por así decirlo, es la que está en contacto directo con la realidad que te rodea, la que se da cuenta de lo que está mal, de lo que está bien, de lo que te ayuda y de lo que te perjudica. El consciente es el que te dice que es tiempo de hacer dieta, que el cigarro te va a matar, que tu pareja sólo te hace sufrir, que si tomas no manejes, que uses condón, etc. Lamentablemente, el consciente aunque superficial y aparentemente dominante, es muy débil en comparación con la fuerza que tiene el inconsciente.

El Inconsciente, es el más profundo de los niveles de nuestra mente, que está íntimamente relacionado con nuestro pasado, con nuestra historia y es inaccesible a nosotros por nuestra propia cuenta, es decir, que aunque quisiéramos pensarlo y descubrir que hay en él, sin ayuda, sería una tarea imposible. En él se encuentran los deseos más intensos y prohibidos de nosotros, deseos que usualmente no son bien vistos por las demás personas o incluso por nosotros mismos, es por eso que se encuentran olvidados ahí, en las profundidades del inconsciente. Sin embargo, no porque no los pensemos a nivel consciente, significa que no influyan en nuestro diario vivir desde lo profundo. 

 

 -Pero doctor, ¿por qué el deseo inconsciente tiene que salir de una forma agresiva hacia nosotros?, podría salir de una forma más agradable.

Al ser un deseo reprimido mucho tiempo atrás y estar muy bien oculto en lo profundo de la mente, desconocemos exactamente que deseo es y la manera en la que el cuerpo decide satisfacerlo, no siempre es la indicada, es por eso que nos hacemos daño sin saber por qué.

 

Es decir, que cuando nos hacemos daño con ciertas actitudes o acciones, que conscientemente sabemos que nos afectan y aun así lo hacemos, podemos estar satisfaciendo algún deseo prohibido e inconsciente.

 

Lo que intento decir es que una vez que podamos descubrir cuál es el deseo prohibido e inconsciente, se abrirá una puerta más sana para la satisfacción de éste, sin la necesidad de que nos hagamos daño. Pero ya anteriormente he dicho que el inconsciente es inaccesible a uno mismo; es ahí a donde entra el apoyo psicoterapéutico, el analista, es el profesional que mediante tu historia personal, podrá ayudarte a encontrar ese deseo inconsciente que, en afán de cumplirse, te ha estado lastimando durante tanto tiempo y de la misma forma. Una vez hallado dicho deseo, se podrá trabajar sobre él, descubrir por qué es prohibido, cómo fue que se mandó a lo profundo de la mente y cómo podemos tramitarlo de una manera más sana sin hacernos daño.

 


Lo que vive un Psicólogo y no viene en los libros

psic. Jocelyn arellano

20. 05. 2016

Aprovecho esta ocasión para pensar en mis queridos amigos, colegas, maestros, padres teóricos, supervisores y en especial en mi analista. Para esta reflexión no pretendo hacerlo desde la teoría, técnica, ni escuela psicológica específica; es un escrito meramente vivencial y de observación acerca del significado de ser “Psicólogo”.


La Psicología y/o Psicoanálisis es una profesión que exige una preparación y estudio constante; no es por nada que se dice que nunca se deja de estudiar, y me atrevería a sugerir que no es solamente como profesionales de la salud mental, sino en la vida en general. 

 

En el transcurso de la formación profesional vas encontrando libros, artículos, teorías, casos clínicos que resultan ser interesantes pero muy angustiantes ya que vemos una parte desagradable de nosotros en los textos. Si leemos de neurosis obsesiva encontramos nuestro ser obsesivo, cuando aprendemos de psicosis nos angustiamos por las manifestaciones de la parte psicótica de nuestra personalidad y cualquier déja vu es señal de alerta de brote psicótico, y no quiero ni mencionar nuestro pequeño Napoleón ó Alejandro Magno que descubrimos y reconocemos cuando aprendemos “Introducción al narcisismo” (Freud, 1914). 

 

Todos sabemos cual es el texto que más sabemos, recordamos, estudiamos y es porque es con el que más nos identificamos y porque hay una estrecha proximidad con nuestra historia. Por otra parte, encuentras profesores y supervisores que comparten su conocimiento, experiencia, su ayuda y sentir, que a su vez te acompañan y alivian la ansiedad por las lecturas, te regresan a la realidad y al camino del aprendizaje. Pero también hay otros, que continuamente dicen que tu inclinación teórica ó que tu proceder clínico están mal y toman una posición agresiva, destructiva y reduccionista, que a mi parecer es reflejo del tamaño del narcisismo o de la misma patología del docente. 

 

En esta carrera hay que tener flexibilidad en el pensamiento y no hacer de una escuela ó aparato teórico un dogma, sin mencionar la importancia fundamental de las características humanas que debemos tener, como lo son el respeto, honestidad, empatía, ética, discreción, lealtad, interés genuino en el otro, entre otras más. Después de todo estamos al servicio de Eros y no de Thanatos, favorecemos la vinculación, construcción y vitalidad. Nuestra labor es relacionarnos con los pacientes, con esto me refiero a establecernos como figuras de confianza, de apoyo, de contención; también jugamos el rol de pensadores e incitamos a los pacientes, dentro del tiempo pertinente, a que descubran su subjetividad e historia, a que la sientan, a que la enfrenten en compañía de nosotros, para que puedan elaborar los conflictos dolorosos, con el objetivo de encontrar tranquilidad y equilibrio en su vida; en términos generales somos la pantalla de sus objetos buenos y nutricios, o en otras ocasiones somos constructores de los mismos. Para el paciente llegamos a ser una persona muy cercana y necesaria, para que después de un largo proceso terapéutico, puedan seguir su camino con lo aprendido y vivido, pero sin nosotros. 

Nunca olvidare a una maestra que una vez me dijo, que lo mejor que le puede pasar a un paciente, es ver al analista, psicoterapeuta o psicólogo como un ser real, donde ya no sea cede de fantasías, y que al termino de la terapia te olvide. A la fecha, no comparto por completo esa opinión. 

 


Talvez los pacientes no recuerden tal cual las mejores interpretaciones, ni todos los temas revisados, pero seguramente tendrán presente la relación con su analista. En mi opinión, la continuidad en el encuadre analítico en conjunto con un buen terapeuta que sea capaz de ver y ser un objeto bueno para su paciente, es lo que garantizara la cura terapéutica.

 

A todos nos ha pasado que los pacientes no llegan, no avisan, no pagan; soportamos las resistencias, la ambigüedad, la confusión, el enojo, el dolor, la transferencia negativa, los actings, de los cuales no es culpable el paciente porque sabemos que son expresiones inconscientes y que no lo hace de manera personal. Nos jactamos de la técnica para señalar, confrontar, interpretar, entre otras herramientas para proporcionar un camino idóneo hacia el mejoramiento; sin olvidar la importante transferencia y contratransferencia que conocemos muy bien. 

 

Al igual que los pacientes, somos personas con sentimientos, emociones, metas, sueños, planes, problemas, decepciones, miedos, duelos, pulsiones (en cualquier presentación) y cualquier aspecto humano; no debemos olvidar que también poseemos un mundo subjetivo dentro de nosotros y que si no se conoce será contraproducente para el paciente. Nuestra preparación académica involucra muchas horas de estudio, lectura, discusión entre colegas, supervisión de casos clínicos de manera individual y/o grupal. Pero lo que en mi experiencia es mucho más importante es el análisis propio. Ya pasando los libros y las supervisiones, llega el momento del sentir y de enfrentarse al diván, a confrontar tus miedos, duelos, dolores, defensas, fijaciones, regresiones y conflictos en general. Debemos sentir y elaborar nuestros problemas para después poder eliminar los puntos ciegos e identificar lo ajeno de lo propio; de este modo nuestro cuerpo, mente e intuición quedaran libres de nuestras penas, haciéndolo en conjunto un instrumento eficiente para ayudar al paciente en su proceso; nuestro sanar es sin duda un elemento clave para nuestro rendimiento profesional y se lo debemos a esas personas que llegan en busca de auxilio.

 

Por estas y muchas razones que no es posible incluir por tiempo, felicito y reconozco a los héroes del diván y de la salud mental, que emprenden largos caminos, agotadoras cruzadas, gratificantes aventuras y se enfrentan a los peligrosos dragones internos, con el fin de proveer entendimiento, equilibrio, estructura, alivio, paz y vitalidad en el paciente. 

 


Todo cambio deseado comienza con el primer paso

psic. Jocelyn arellano

06. 05. 2016

Me gustaría dedicar esta primera publicación bloggera en PSICOVIA al potencial que todos tenemos para cambiar cualquier situación que nos cause malestar. La mayoría de las veces nos rendimos a la idea de no tener el poder de modificar algún aspecto que percibimos desagradable de nosotros mismos o de nuestra vida en general.


Por ejemplo, nos quejamos de un trabajo que odiamos pero no buscamos otro que nos apasione; o tenemos un novio que es un ebrio irresponsable pero no nos atrevemos a terminar esa relación; o llevamos años diciendo que nos vamos a salir de casa de nuestros padres para independizarnos, pero no queremos renunciar a los placeres culposos de ser un mantenido. Estos ejemplos banales pero muy comunes se vuelven una realidad en nuestra vida diaria. Cualquier cambio es una transformación interna y externa; no importa que tan destruida este una situación, siempre hay posibilidad de construir.

 

Para empezar a transformar esta actitud conformista a lo que realmente deseamos ser, debemos entender los 6 puntos importantes sobre el cambio: 

1. Regrésate el poder. 

 

Tenemos arraigadas ideas que las cosas malas son forzosamente por culpa del otro; ya sea por culpa del maestro, del jefe, de los padres, del novio, del sistema, del país o hasta del mundo. Si te quejas de algo todo el tiempo y no cambia, probablemente debas hacer que cambie, pero desde ti.

me pregunto, ¿por qué tendemos a otorgar tanto poder en los demás? Si la solución a nuestros problemas esta en nosotros. Las experiencias no son malas ni buenas, sólo son; lo que esta en nuestro poder, es la forma de vivir esas situaciones. Recuerda que si quieres que algo ocurra, debes hacer justamente eso, que ocurra. Una vez que descubras la fuerza interna que tienes, disfrútala y llénate del poder de decidir como quieres vivir tu vida.

2. Claridad en tus metas.

 

 

Objetivos claros generan elecciones sabias. Si sabes donde estas parado puedes definir hacia donde quieres llegar y lo que requieres para lograrlo. No tomes decisiones importantes basadas en reacciones emocionales como desesperación, ansiedad, miedo o tristeza. Tener un pensamiento crítico y analítico te ayudara a elegir mejor.


3. Aprende del fracaso.

 

Fracasar no te hace una fracasado, más bien significa que lo estas intentando. Para aprender a caminar, primero te debes de caer y de levantarte las veces que sean necesarias. No somos seres omnipresentes, ni omnipotentes, somos humanos por lo que tenemos una infinidad de defectos y errores. Las más valiosas enseñanzas vienen de las más duras caídas. No dejes de aprender de tus fallos, porque sino serán experiencias desperdiciadas; aprovecha estas lecciones para así poder convertirte en la mejor versión de ti mismo. No te claves en lo que hiciste mal, sino en como solucionarlo para prevenir que en futuras ocasiones te suceda lo mismo.

 

4. Rompe tu caja.

 

 

Los limites que aceptamos del contexto, en realidad son una gran ilusión creada por nosotros mismo. Las fronteras que tenemos son definidas por uno mismo y de nosotros depende el quebrarlas. Una vez que nos asumamos como seres ilimitados y con un gran potencial, podremos comenzar a atravesar los horizontes internos. Nadie lo hará por ti, oblígate a ti mismo a cumplirlo y disfruta de los triunfos que obtengas de cada paso. Atrévete a soñar en grande, experimenta diferentes opciones para cumplir tus objetivos y recuerda que en cuanto más cosas nuevas hagas, más podrás hacer.

 

5. Elige y renuncia.

 

 

Toda elección, implica forzosamente una renuncia, no puede existir una sin la otra; al elegir un camino, se debe dejar otro. Hay que renunciar a quererlo todo al mismo tiempo para forjar un camino definido y que concuerde con nuestras metas. La congruencia entre el sentir, pensar y actuar es muy importante para la toma de decisión; la elección debe coincidir con lo que se quiere lograr, sino no tendría ningún caso.

6. Ármate de paciencia.

 

 

La paciencia es la más poderosa virtud para cumplir nuestras metas. Debe estar dirigida hacia ti mismo; si se es constante, se puede llegar a tener un profundo entendimiento de las reacciones emocionales en tu interior ante la desesperación y las adversidades. Al comprender el tiempo que toma realizar cualquier proyecto, no importa lo simple que sea, te liberara de la sensación de fracaso y apaciguara a tu implacable juez interno. De este modo, puedes liberar tu camino de obstáculos puestos por tu miedo e intensificara tu voluntad. Mantén una actitud serena; todo lo que imagines se puede lograr y dale el tiempo pertinente para que se vuelva una realidad. Recuerda que aunque desees que lo que sembraste crezca rápido, este lleva un tiempo y germinara cuando deba hacerlo.